sábado, 24 de octubre de 2009

...el Negro Valdivia

- Hoy recibí una misiva de un amigo entrañable
- ¿Una misiva, quiere decir usted una carta?
- Correcto
- ¿Es que todavía hay gente que escribe cartas?
- Aunque usted no lo crea, así es.
- Digno de Ripley
- ¿De la tienda?
- No pues, del caballero ése de los records.
- Ese es Guinnes.
- Tiene razón.
- No me confunda que me voy por las ramas.
- Bueno, es que me brotan las ideas.
- Usted tiende a desviarme del tema. Le contaba de mi amigo entrañable...
- El de la carta.
- …
- Está bien, cuénteme.
- El compartió conmigo por largas temporadas el agrio vino de la vida, unas gustosas masas mediterráneas de madrugada, la sabrosa carne de oveja arriba en el monte y tantos sueños fallidos.
- Profundo.
- Para sorpresa mía, es el mismo de antes, como cuando nos juntábamos en la esquina de siempre para ir al “Bar Inglés”. Su letra mantiene la misma intención, seguridad y fraternidad demostrada por tanto tiempo.
- Gran persona entonces.
- Así es. Nuestro último encuentro fue en la despedida de nuestro amigo en común, el célebre Negro Valdivia, que en su sepelio dos mujeres se trenzaron a golpes por representar a la única viuda.
- Escandaloso.
- Hasta el final, fíjese. Las coronas de flores rodaban por el suelo y casi botan del cajón al finado. Desde entonces que no lo veo.
- Bueno la vida es así, el tiempo a veces aleja a la gente y a los amigos.
- La vida debiera ser simple o mejor dicho, nosotros debemos hacerla así. Se nos pasa entre despedidas y funerales.
- Querrá usted decir entre bautizos y funerales.
- Es que a estas alturas, ya no me invitan mucho a los bautizos y los funerales llegan solitos.
- ¿Y los matrimonios?
- Tampoco tengo muchas invitaciones. Ya se han casado todos mis amigos y familiares en edad de hacerlo.
- ¿Y tampoco lo invitan a las segundas nupcias?
- No pues, esas no son con fiesta.
- No crea, yo he ido al de un amigo reincidente que se ha casado ya dos veces y ahora me acaba de invitar a su tercer matrimonio.
- Valiente el hombre
- Loco apasionado diría yo.
- ¿Y en todas las ocasiones ha tenido que enviarle un regalo?
- Claro pues, si es como partir de nuevo.
- Que frescura ¿Y los regalos anteriores que recibió?
- Los habrá tenido que vender para deshacer su antiguo matrimonio.
- Hmmm… es una buena forma de renovar su casa.
- No es mala idea, pero debe invertir también en la fiesta, pensar en los invitados, en la luna de miel y en esas cosas.
- ¿Oiga y las antiguas esposas de su amigo, también estarán invitadas?
- No lo creo, parece que lo han demandado en el divorcio.
- Mala cosa.
- Hmmm… como será para su funeral.
- Como el de mi amigo Valdivia.
- Bochornoso entonces.
- La historia se repite.
- Después le cuento como me fue.
- Bueno, lo escribiremos acá entonces.
- Si la viuda lo permite, ¿porqué no?

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