- Ayer fui a comprar al Supermercado y al momento del pago me pidieron parte del vuelto.
- No me diga, para los Bomberos.
- No recuerdo, creo que para alguna Institución.
- Fundación Mi Casa.
- No se burle.
- Perdón, es que es la típica broma para estos casos.
- Oiga, pero en cada Supermercado piden los vueltos.
- ¿No será para ellos mismos?
- No sea mal pensado.
- Es que la gente comenta. ¿No le ha tocado en la fila antes que usted una señora que no quiere dar sus tres pesos?
- Bueno, no solo tres pesos, sino hasta uno.
- Y además se da vuelta a mirarlo y murmura que “más encima me piden el vuelto”.
- Claro, como si uno fuera dueño del Supermercado.
- Oiga, y en las farmacias ya no son los tres pesos.
- Claro pues, allí se van derecho a los diez.
- Y sume pues, diez más diez, más diez.
- Es como decir sus cien pesos y cien pesos más.
- Claro, pero ahí no puede pagar por ver.
- Pero en unos carteles dice cuanto han reunido.
- Si claro, con la foto de algún niño sonriendo.
- O la de una monja.
- O la de un abuelito.
- O de un bombero.
- Yo me acuerdo cuando era chico e iba a comprar no faltaba el dueño del negocio que me decía que no tenía monedas para dar el vuelto y lo entregaba en dulces.
- A mi me pasaba lo mismo y mi mamá no me creía que no me habían dado vuelto.
- Claro pues, y los mismos dulces, si los compraban, eran más caros.
- Negocio redondo entonces.
- Por otro lado, hoy los dulces están cada vez más pequeños.
- Como las monedas de a un peso.
- ¿Por cierto, no deben valer menos de lo que cuesta hacerla?
- ¿Cómo es eso?
- Claro pues, confeccionar una moneda de un peso no puede costar más de un peso.
- La de un peso de antes eran más grandes y de níquel o estaño.
- Las de ahora son de aluminio.
- De las latas recicladas tal vez.
- O de los Tabs
- ¿Cómo dijo?
- Las “cositas” esas que abren las latas de bebidas.
- Ah, esas cosas.
- ¿No oyó decir que pagaban como cuarenta mil pesos el kilo?
- ¿Tan apreciadas son?
- Creo que lo juntaban para los dentistas.
- No me diga, para los Bomberos.
- No recuerdo, creo que para alguna Institución.
- Fundación Mi Casa.
- No se burle.
- Perdón, es que es la típica broma para estos casos.
- Oiga, pero en cada Supermercado piden los vueltos.
- ¿No será para ellos mismos?
- No sea mal pensado.
- Es que la gente comenta. ¿No le ha tocado en la fila antes que usted una señora que no quiere dar sus tres pesos?
- Bueno, no solo tres pesos, sino hasta uno.
- Y además se da vuelta a mirarlo y murmura que “más encima me piden el vuelto”.
- Claro, como si uno fuera dueño del Supermercado.
- Oiga, y en las farmacias ya no son los tres pesos.
- Claro pues, allí se van derecho a los diez.
- Y sume pues, diez más diez, más diez.
- Es como decir sus cien pesos y cien pesos más.
- Claro, pero ahí no puede pagar por ver.
- Pero en unos carteles dice cuanto han reunido.
- Si claro, con la foto de algún niño sonriendo.
- O la de una monja.
- O la de un abuelito.
- O de un bombero.
- Yo me acuerdo cuando era chico e iba a comprar no faltaba el dueño del negocio que me decía que no tenía monedas para dar el vuelto y lo entregaba en dulces.
- A mi me pasaba lo mismo y mi mamá no me creía que no me habían dado vuelto.
- Claro pues, y los mismos dulces, si los compraban, eran más caros.
- Negocio redondo entonces.
- Por otro lado, hoy los dulces están cada vez más pequeños.
- Como las monedas de a un peso.
- ¿Por cierto, no deben valer menos de lo que cuesta hacerla?
- ¿Cómo es eso?
- Claro pues, confeccionar una moneda de un peso no puede costar más de un peso.
- La de un peso de antes eran más grandes y de níquel o estaño.
- Las de ahora son de aluminio.
- De las latas recicladas tal vez.
- O de los Tabs
- ¿Cómo dijo?
- Las “cositas” esas que abren las latas de bebidas.
- Ah, esas cosas.
- ¿No oyó decir que pagaban como cuarenta mil pesos el kilo?
- ¿Tan apreciadas son?
- Creo que lo juntaban para los dentistas.
- Pero no pesan casi nada.
- Claro, entonces habría que juntar cerca de cinco mil.
- Imagínese, pero eso no era cierto. El kilo de aluminio cuesta cerca de quinientos pesos.
- O sea, no era tanta verdad.
- No, pues.
- Como recaudar los pesos en el supermercado.
- Le dije que no sea mal pensado.
- Disculpe, es que usted me hace pensar así.
- Yo solo le comentaba.
- Bueno, les doy mi vuelto entonces.
- Gracias, mis hijos se lo agradecerán.
- .
- Imagínese, pero eso no era cierto. El kilo de aluminio cuesta cerca de quinientos pesos.
- O sea, no era tanta verdad.
- No, pues.
- Como recaudar los pesos en el supermercado.
- Le dije que no sea mal pensado.
- Disculpe, es que usted me hace pensar así.
- Yo solo le comentaba.
- Bueno, les doy mi vuelto entonces.
- Gracias, mis hijos se lo agradecerán.
- .

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