jueves, 29 de octubre de 2009

...en realidad, no.

- Después de nuestra conversación de ayer retumban en mi casco cerebral vuestras últimas palabras: Donde me voy estaré mucho mejor.
- Bueno, quise decir que en mi nuevo trabajo estaré mejor que en el otro.
- Raro por decir algo, muy curioso imaginarme que ahí se pasa mejor.
- Aunque sea de perogrullo decirlo, hay más tranquilidad con los clientes.
- Es todo un asombro para mi entendimiento aventurado.
- Bueno, entenderá usted que por algo lo llaman Patio de los Callados
- Tal vez tenga razón, es solo algún ortodoxo método, ya vera que es así solo son estilos de ver la realidad.
- La realidad no es absoluta.
- Tiene razón. Recuerde que otros lo llaman Camposanto.
- Que de campo y de santo tienen poco
- De todos modos lo invito a venir a verme cuando lo desee. No digo que recorreremos el lugar charlando sobre la vida, sería mal visto por los que acá son los usuarios.
- Le agradezco la sugerencia, pero igual no iré.
- No tenga temor en venir, recuerde que usted más de alguna vez me insinuó que era ave nocturna
- Le confieso que alguna vez quise ser un Príncipe de la noche, del silencio y de la inmortalidad.
- ¿Entonces en que topa?
- Mire usted, me hubiese agradado ser un temido vampiro, volar, seducir a mujeres con delgados cuellos, de esos aromáticos, suaves; pero la vida me ha negado tal dicha, salvo en alguna bohemia amanecida, temerle a la salida del Sol y pequeños chupones en la garganta.
- Insisto entonces en su visita.
- En verdad no tengo agendado presentarme aún a tan singular lugar. Entiendo que la pensión está llena y por el momento yo no quiero hacer reserva alguna.
- Bueno, será en otra ocasión entonces.
- Por supuesto que me saluda a todas las amistades de allá. A los que partieron y que ya son muchos. Los compañeros que se los llevó la maldita enfermedad, esa que consume asolapadamente.
- ¿La del cangrejo?
- No, la del Sentido común.

miércoles, 28 de octubre de 2009

...siendo cortés...

- Hace tiempo que no veo a su señora ¿Cómo está ella?
- Le agradezco su pregunta, gentileza y buena memoria.
- Es que trato de ser una persona muy educada.
- Le soy sincero al confesarle que ella ya no vive junto a mí en la casa del Cerro Alegre, esa que alguna vez gratamente lo cobijó.
- Usted disculpe, no quise ser impertinente además. Mi pregunta solo la hice por buenos modales y casi por costumbre, pero entiendo que hoy la costumbre es menos normal de lo que parece y lo habitual se vuelve común.
- Descuide, ni siquiera nos vemos, ni intercambiamos nada.
- Debe estar usted muy triste
- Para nada, ella se fue con su profesor del gimnasio donde iba todas las tardes a tomar clases de baile entretenido.
- ¿No está molesto entonces?
- Por el contrario, los felicité a ambos. No soy egoísta, nada me pertenece.
- ¿Y no le da nostalgia tampoco?
- No, yo solo atesoraré los recuerdos, los buenos, de los otros mejor no hablar.
- ¿Y del profesor?
- No fui capaz de darle una carta de recomendaciones. Usted sabe, esas cosas hay que merecerlas.
- Tiene usted razón. ¿Y pasando a otro tema cómo va su trabajo?
- Sobre el trabajo que por años realizo y que tantos sentimientos le evocan, le digo que ya nada es lo mismo.
- Que lástima, tan solvente que se veía su empresa
- Estamos pésimos, muy mal. A fin de año quebramos, se lo doy firmado. Este es un barco que difícilmente sobreviva a tanta crisis y estupidez humana.
- ¿Y los jefes no se dan cuenta?
- No, estamos siendo administrados por el grupo de “los lerdos indiferentes” que son los peores.
- Ojalá no despidan a nadie
- Los rumores versan, pero las paredes de los pasillos están llenas de esos cartelitos con la advertencia.
- ¡Que desgracia, amigo mío!
- Vamos dispuestos al naufragio más severo y fatal.
- Le deseo, entonces, que se arregle la situación.
- En todo caso pronto será mi salida de este lugar, en el que compartimos lectura y sapiencia.
- Veo con grata sorpresa que me escabullí a tiempo entonces. Aquí estoy mucho mejor.
- Desde su posterior Hégira, como un Mahoma cualquiera encaminando sus pasos hacia “tierra adentro”, a rasguñar piedras, a esculpir mármoles y estar en contacto con ese mundo del sigilo y el misterio, con flores marchitas y de plásticos, las cosas han ido de mal en peor.
- Oiga, no es para tanto, solo me fui a trabajar al Cementerio.
- Al menos en su lugar las cosas están claras, los clientes no pueden reclamarle
- Eso si es cierto. Ninguno de ellos ha vuelto para reclamarme de la atención.

martes, 27 de octubre de 2009

...dona Usted su vuelto...?

- Ayer fui a comprar al Supermercado y al momento del pago me pidieron parte del vuelto.
- No me diga, para los Bomberos.
- No recuerdo, creo que para alguna Institución.
- Fundación Mi Casa.
- No se burle.
- Perdón, es que es la típica broma para estos casos.
- Oiga, pero en cada Supermercado piden los vueltos.
- ¿No será para ellos mismos?
- No sea mal pensado.
- Es que la gente comenta. ¿No le ha tocado en la fila antes que usted una señora que no quiere dar sus tres pesos?
- Bueno, no solo tres pesos, sino hasta uno.
- Y además se da vuelta a mirarlo y murmura que “más encima me piden el vuelto”.
- Claro, como si uno fuera dueño del Supermercado.
- Oiga, y en las farmacias ya no son los tres pesos.
- Claro pues, allí se van derecho a los diez.
- Y sume pues, diez más diez, más diez.
- Es como decir sus cien pesos y cien pesos más.
- Claro, pero ahí no puede pagar por ver.
- Pero en unos carteles dice cuanto han reunido.
- Si claro, con la foto de algún niño sonriendo.
- O la de una monja.
- O la de un abuelito.
- O de un bombero.
- Yo me acuerdo cuando era chico e iba a comprar no faltaba el dueño del negocio que me decía que no tenía monedas para dar el vuelto y lo entregaba en dulces.
- A mi me pasaba lo mismo y mi mamá no me creía que no me habían dado vuelto.
- Claro pues, y los mismos dulces, si los compraban, eran más caros.
- Negocio redondo entonces.
- Por otro lado, hoy los dulces están cada vez más pequeños.
- Como las monedas de a un peso.
- ¿Por cierto, no deben valer menos de lo que cuesta hacerla?
- ¿Cómo es eso?
- Claro pues, confeccionar una moneda de un peso no puede costar más de un peso.
- La de un peso de antes eran más grandes y de níquel o estaño.
- Las de ahora son de aluminio.
- De las latas recicladas tal vez.
- O de los Tabs
- ¿Cómo dijo?
- Las “cositas” esas que abren las latas de bebidas.
- Ah, esas cosas.
- ¿No oyó decir que pagaban como cuarenta mil pesos el kilo?
- ¿Tan apreciadas son?
- Creo que lo juntaban para los dentistas.
- Pero no pesan casi nada.
- Claro, entonces habría que juntar cerca de cinco mil.
- Imagínese, pero eso no era cierto. El kilo de aluminio cuesta cerca de quinientos pesos.
- O sea, no era tanta verdad.
- No, pues.
- Como recaudar los pesos en el supermercado.
- Le dije que no sea mal pensado.
- Disculpe, es que usted me hace pensar así.
- Yo solo le comentaba.
- Bueno, les doy mi vuelto entonces.
- Gracias, mis hijos se lo agradecerán.
- .

sábado, 24 de octubre de 2009

...el Negro Valdivia

- Hoy recibí una misiva de un amigo entrañable
- ¿Una misiva, quiere decir usted una carta?
- Correcto
- ¿Es que todavía hay gente que escribe cartas?
- Aunque usted no lo crea, así es.
- Digno de Ripley
- ¿De la tienda?
- No pues, del caballero ése de los records.
- Ese es Guinnes.
- Tiene razón.
- No me confunda que me voy por las ramas.
- Bueno, es que me brotan las ideas.
- Usted tiende a desviarme del tema. Le contaba de mi amigo entrañable...
- El de la carta.
- …
- Está bien, cuénteme.
- El compartió conmigo por largas temporadas el agrio vino de la vida, unas gustosas masas mediterráneas de madrugada, la sabrosa carne de oveja arriba en el monte y tantos sueños fallidos.
- Profundo.
- Para sorpresa mía, es el mismo de antes, como cuando nos juntábamos en la esquina de siempre para ir al “Bar Inglés”. Su letra mantiene la misma intención, seguridad y fraternidad demostrada por tanto tiempo.
- Gran persona entonces.
- Así es. Nuestro último encuentro fue en la despedida de nuestro amigo en común, el célebre Negro Valdivia, que en su sepelio dos mujeres se trenzaron a golpes por representar a la única viuda.
- Escandaloso.
- Hasta el final, fíjese. Las coronas de flores rodaban por el suelo y casi botan del cajón al finado. Desde entonces que no lo veo.
- Bueno la vida es así, el tiempo a veces aleja a la gente y a los amigos.
- La vida debiera ser simple o mejor dicho, nosotros debemos hacerla así. Se nos pasa entre despedidas y funerales.
- Querrá usted decir entre bautizos y funerales.
- Es que a estas alturas, ya no me invitan mucho a los bautizos y los funerales llegan solitos.
- ¿Y los matrimonios?
- Tampoco tengo muchas invitaciones. Ya se han casado todos mis amigos y familiares en edad de hacerlo.
- ¿Y tampoco lo invitan a las segundas nupcias?
- No pues, esas no son con fiesta.
- No crea, yo he ido al de un amigo reincidente que se ha casado ya dos veces y ahora me acaba de invitar a su tercer matrimonio.
- Valiente el hombre
- Loco apasionado diría yo.
- ¿Y en todas las ocasiones ha tenido que enviarle un regalo?
- Claro pues, si es como partir de nuevo.
- Que frescura ¿Y los regalos anteriores que recibió?
- Los habrá tenido que vender para deshacer su antiguo matrimonio.
- Hmmm… es una buena forma de renovar su casa.
- No es mala idea, pero debe invertir también en la fiesta, pensar en los invitados, en la luna de miel y en esas cosas.
- ¿Oiga y las antiguas esposas de su amigo, también estarán invitadas?
- No lo creo, parece que lo han demandado en el divorcio.
- Mala cosa.
- Hmmm… como será para su funeral.
- Como el de mi amigo Valdivia.
- Bochornoso entonces.
- La historia se repite.
- Después le cuento como me fue.
- Bueno, lo escribiremos acá entonces.
- Si la viuda lo permite, ¿porqué no?

viernes, 23 de octubre de 2009

...comenzando...

- ¿Sabe?, he decidido comenzar otro blog.
- ¿Otro, es que tiene más de uno?
- Sí, tengo tres y administro uno más.
- ¿No será mucho?
- es que me gusta escribir
- ¿Y al menos los leen?
- Buena pregunta. Creo que en el que administro si lo hacen, pero no dejan comentarios. Es del Centro de Padres del colegio de mis hijos.
- ¿No me diga, Dirigente?
- Vicepresidente
- Importante el cargo, ¿no?
- No crea, es que nadie quiere estar en la directiva.
- Típico del chileno… poco comprometidos
- Es que no tienen tiempo, sabe ud., todos trabajan
- Ah, ya veo, ¿y usted?
- También trabajo, pero me hago el tiempo.
- A lo mejor trabaja poco, por eso tiene tiempo de escribir acá
- Hmmm…
- Perdón, no lo quise ofender
- No se preocupe, lo he pensado. Pero yo creo que es saber como programarse en el día.
- Ah, eso sí.
- Es que aprendí a ser ordenado
- ¿No me diga?
- Así es, en la Universidad.
- ¿Ingeniero?
- No, Diseñador.
- Oiga, pero yo tengo amigos diseñadores que no saben ni donde dejan el lápiz.
- Bueno, de todo hay en la viña del señor.
- Bueno nos desviamos del tema. ¿De que tratará este nuevo blog?
- Pues de todo, de vivencias, de quejas, de opiniones, de la vida.
- Bien profundo entonces.
- No lo sé, irá saliendo de a poco.
- Entonces espero que le vaya bien… a propósito como se llama?
- ¿Yo?
- No, su blog.
- Usted disculpe, estaba distraído. He decidido ponerle Prejuicios cognitivos
- Algo rebuscado el título… me lo explica un poco, ando muy lento hoy.
- Bueno, es esa distorsión del conocimiento que afecta al modo en el que los seres humanos percibimos la realidad.
- Me ha dejado perplejo.
- Esa es mi intención.
- Esperaré sus comentarios entonces.
- Será un placer. Yo, después esperaré sus críticas.
- Las tendrá, las tendrá.