- ¿Le gustan las canciones de Edith Piaf.?
- ¿Aquella gran cantante de voz con gorjeos?
- Exacto. Una voz muy particular y una vida muy sufrida.
- Gran interprete además.
- Tiene razón ¿Vio usted la última película que le han hecho?
- No
- Se la recomiendo, me pareció muy triste, pero intensa.
- Un Môme incomprendido.
- Al escuchar los acordes de Non, je ne regrette rien me doy cuenta que eso es lo que me pasa por el momento.
- ¿Me la traduce por favor?
- Bueno, dice más o menos que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho en su vida
- ¿Y usted no se arrepiente de nada?
- Me refiero al haber escapado de mi antiguo trabajo, del cual usted me ha contado entre angustias y pesares, que se ha transformado en un lugar yermo de amistades no apto para trabajar.
- Ha dado usted en el clavo
- Mire usted, que coincidencia y que casualidad, a propósito de esta diva, la melodía me ha traído a la memoria a Ionesco, aquel Rumano que diera un gran golpe al absurdo con su cantante de escasos cabellos.
- ¿Por qué?
- Ah, muy sencillo, pues si recorre el texto verá que hay una extraña similitud en los personajes que allí deambulan: los Smith y los Martin.
- O bien podrían ser los Pérez o los Moreno.
- Correcto. Sabrá usted que dicha obra bien supone una crítica de la vida cotidiana en la que los personajes son incapaces de comunicarse entre sí, lo que es bastante triste y trágico.
- Tiene razón, justo eso es lo que sucede en nuestro reducto laboral.
- Creo, mi querido amigo que nuestra sociedad cambió al nivel en que creó todo el movimiento absurdista.
- Yo pienso que el hombre de hoy vive “esperando su salvación”, que algo cambie su vida radicalmente y que le lleve a un lugar mejor, donde sea feliz.
- Así es, pero la verdad es que eso nunca pasará
- Y es absurdo en sí.
- Sabe desde hace tiempo que hago lo que me dicta el corazón (pienso que no soy egoísta), trato de ser ecuánime, digno y respetuoso de mis obligaciones y compromisos.
- Eso es digno de ser copiado.
- No es para tanto. Sé que fui, soy y seré incomprendido por mucha gente, pero mi afán no es seguir la tontera del Salmón que nada contra la corriente y llega sólo a morir.
- Estoy de acuerdo con usted, ser tan terco y animal no es la solución.
- Claro pues, si miro "mi" presente no trato de haya desgaste de ningún tipo. No espero llamadas, no espero una carta, no espero que un semáforo me cambie la vida.
- Hmmm, veo que un ser como usted no tiene muchas alternativas en esta vida cotidiana.
- No crea, estoy hecho de mis fortalezas, de mis carencias y la casualidad que juegan entre las tres opciones, se confunden y se suman produciendo un tipo como yo.
- Lo felicito. Y le agradezco sus buenas intenciones de mostrarme su exquisito pensamiento sobre el presente y demás condiciones.
- Gracias. Aunque, para mi, Dios es una tabla salvadora en esta desatada tempestad. Por lo pronto, como dicen por ahí...."no hay dolor, pruebo esto y lo otro... y no hay dolor."
- ¿Aquella gran cantante de voz con gorjeos?
- Exacto. Una voz muy particular y una vida muy sufrida.
- Gran interprete además.
- Tiene razón ¿Vio usted la última película que le han hecho?
- No
- Se la recomiendo, me pareció muy triste, pero intensa.
- Un Môme incomprendido.
- Al escuchar los acordes de Non, je ne regrette rien me doy cuenta que eso es lo que me pasa por el momento.
- ¿Me la traduce por favor?
- Bueno, dice más o menos que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho en su vida
- ¿Y usted no se arrepiente de nada?
- Me refiero al haber escapado de mi antiguo trabajo, del cual usted me ha contado entre angustias y pesares, que se ha transformado en un lugar yermo de amistades no apto para trabajar.
- Ha dado usted en el clavo
- Mire usted, que coincidencia y que casualidad, a propósito de esta diva, la melodía me ha traído a la memoria a Ionesco, aquel Rumano que diera un gran golpe al absurdo con su cantante de escasos cabellos.
- ¿Por qué?
- Ah, muy sencillo, pues si recorre el texto verá que hay una extraña similitud en los personajes que allí deambulan: los Smith y los Martin.
- O bien podrían ser los Pérez o los Moreno.
- Correcto. Sabrá usted que dicha obra bien supone una crítica de la vida cotidiana en la que los personajes son incapaces de comunicarse entre sí, lo que es bastante triste y trágico.
- Tiene razón, justo eso es lo que sucede en nuestro reducto laboral.
- Creo, mi querido amigo que nuestra sociedad cambió al nivel en que creó todo el movimiento absurdista.
- Yo pienso que el hombre de hoy vive “esperando su salvación”, que algo cambie su vida radicalmente y que le lleve a un lugar mejor, donde sea feliz.
- Así es, pero la verdad es que eso nunca pasará
- Y es absurdo en sí.
- Sabe desde hace tiempo que hago lo que me dicta el corazón (pienso que no soy egoísta), trato de ser ecuánime, digno y respetuoso de mis obligaciones y compromisos.
- Eso es digno de ser copiado.
- No es para tanto. Sé que fui, soy y seré incomprendido por mucha gente, pero mi afán no es seguir la tontera del Salmón que nada contra la corriente y llega sólo a morir.
- Estoy de acuerdo con usted, ser tan terco y animal no es la solución.
- Claro pues, si miro "mi" presente no trato de haya desgaste de ningún tipo. No espero llamadas, no espero una carta, no espero que un semáforo me cambie la vida.
- Hmmm, veo que un ser como usted no tiene muchas alternativas en esta vida cotidiana.
- No crea, estoy hecho de mis fortalezas, de mis carencias y la casualidad que juegan entre las tres opciones, se confunden y se suman produciendo un tipo como yo.
- Lo felicito. Y le agradezco sus buenas intenciones de mostrarme su exquisito pensamiento sobre el presente y demás condiciones.
- Gracias. Aunque, para mi, Dios es una tabla salvadora en esta desatada tempestad. Por lo pronto, como dicen por ahí...."no hay dolor, pruebo esto y lo otro... y no hay dolor."
